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Cómo educar sin premios ni castigos

Cómo educar sin premios ni castigos

 

¿Estás cansad@ de castigar a tu hijo y que no tenga el resultado esperado? Muchas veces, castigamos y premiamos a los niños, pero su comportamiento no es el que nos gustaría. Esto se debe a que los castigos y los premios no educan, sino que condicionan el comportamiento de los niños sin dejarles ningún aprendizaje. ¿Quieres saber cómo educar sin premios ni castigos? En este post te contamos todo lo que necesitas saber sobre los premios y castigos y sus consecuencias en la educación de los niños.

 

¿Cuáles son las consecuencias de educar con premios y castigos?

Educar con premios y castigos es lo más habitual. Antiguamente se castigaban las conductas no deseadas y se esperaba que el niño o niña dejase de realizarlas y era raro premiar los comportamientos positivos. Educar sin premios ni castigos es posible, pero muy poca gente lo lleva a cabo. Lo más habitual es combinar los castigos con los premios, premiando aquellas conductas que queremos que se repitan. Esto tiene una serie de consecuencias positivas a corto plazo (obediencia y obtención de las conductas deseadas) pero tiene muchas más consecuencias negativas. A continuación hablaremos de ello.

 

Los castigos NO educan

Como educar sin premios ni castigos

 

Que los castigos no educan, es algo que debemos tener claro. Si le preguntas a tu hijo si entiende el por qué del castigo, la mayoría de las veces te dirá que no. Tu hijo dejará de hacer la conducta no deseada para evitar el castigo, pero no le estarás dando ningún aprendizaje del por qué no debe tener esa conducta. Castigar no educa, castigar adoctrina. Con los castigos, le estás imponiendo a tus hijos tu manera de pensar, es una visión adultocentrista en la que se presupone que los adultos siempre tienen la razón. Reflexionemos sobre ello.

Es cierto que los castigos funcionan, pero los resultados son siempre a corto plazo. Si tu hijo no entiende por qué su comportamiento no es correcto y sólo lo deja de hacer para evitar el castigo… ¿Qué crees que pasará cuando no estés delante para castigarlo? Los niños y niñas deben entender y comprender por qué sus acciones no nos parecen correctas, deben ser ellos mismos los que se den cuenta de que ciertos comportamientos no son adecuados, hay que tener paciencia y explicar a los niños con palabras qué comportamientos no nos gustan y el porqué, el diálogo es la mejor herramienta que tenemos para educar a nuestros hijos, aprovechémosla.

Los castigos no educan

Castigo = obediencia. Resultados a corto plazo.

Educación = aprendizaje. Resultados a largo plazo.

Consecuencias de los castigos

Los castigos tienen diversas consecuencias, por eso debemos educar sin gritos ni castigos, entre las consecuencias de los castigos destacan:

  • Poca comunicación: Cuando castigamos a nuestros hijos, normalmente descargamos nuestra ira y frustración mediante el castigo, la comunicación con nuestros hijos se ve reducida. Los niños y niñas tienden a evitar la comunicación con el adulto que les castiga, ya que no sienten confianza para hablar y contarle las cosas que les suceden. 
  • Baja autoestima: Un niño que es castigado constantemente, tendrá una mala imagen de sí mismo, pensando que es malo, tonto, etc. Es importante que los niños y niñas tengan un buen autoconcepto para poder tener una buena autoestima. 
  • Aumenta la agresividad y la pasividad: Cuando un niño es castigado, pueden suceder dos cosas. Que piense que la forma para resolver un conflicto es la agresividad, pasando por encima del otro para lograr sus objetivos; o bien que piense que no puede hacer nada y tome una actitud pasiva o conformista, ya que cuando le castigan no tiene nada que hacer para cambiar la situación. Ninguna de estas dos opciones le servirán para resolver los conflictos en su vida, por lo que no debemos fomentarlo y con los castigos lo estamos haciendo.
  • Genera inseguridades: Los niños y niñas que son castigados con frecuencia, acaban teniendo más inseguridades y menos autonomía. Tienden a evitar hacer cosas por sí mismos por el miedo a hacerlo mal y ser castigados.
  • Menor autoconocimiento: Los niños aprenden que deben hacer las cosas porque otra persona se las impone, sin importar su opinión o necesidades, por lo que se crea una desconexión con ellos mismos, provocando un menor autoconocimiento.
  • Provoca sumisión: Mucha gente dice que castigar a los niños y niñas les fortalece el carácter, pero es justamente lo contrario, aprenden a obedecer y a ser sumisos, y eso lo llevarán con ellos hasta su vida adulta, donde tendrán un carácter sumiso y victimista.
Educar sin castigos

 

Las 4 R’s del castigo

Según la disciplina positiva, cuando “educamos” a un niño o niña utilizando el castigo, pueden aparecer lo que se conoce como las 4 R’s del castigo: resentimiento, revancha, rebeldía y retraimiento.

  • Resentimiento: los niños y niñas muchas veces no entienden por qué les castigamos, lo que les provoca sentimientos de resentimiento y rencor a largo plazo.
  • Revancha: muchas veces, los niños y niñas, al no comprender el por qué de los castigos, quieren “vengarse” de sus padres, piensan que los adultos les castigan para fastidiar, por lo que sienten la necesidad de una revancha.
  • Rebeldía: muchos niños tienen comportamientos rebeldes y desafiantes ante los castigos, ya que no están de acuerdo con ellos, por lo que se muestran contrarios a aceptarlo y se portan incluso peor.
  • Retraimiento: el retraimiento es una característica que hace a las personas poco comunicativas. Los niños que son castigados habitualmente, pueden volverse retraídos por dos razones. La primera sería por miedo a que les pillen de nuevo, por lo que tienden a mentir o evitar decir la verdad. La segunda por poca autoestima, cuando los niños hacen algo sin querer y les castigamos, se sienten mal y se crean una mala imagen de sí mismos.

Los premios NO educan

Llegados a este punto, entendemos que los castigos no son nada positivo y son más bien una herramienta poco útil de la que abusamos demasiado, pero… ¿Qué pasa con los premios y recompensas?

Los premios y recompensas, a simple vista no parecen tener nada de malo. Tu peque hace algo positivo o algo que se espera de él y tú le premias esa conducta. El resultado es que ambos estáis felices, ¿qué podría fallar aquí? Pues bien, los premios tienen también su parte negativa, es más, es muy poco el beneficio real que existe, más allá de la satisfacción de recibir un premio, sigues sin estar educando a tu hijo.

Cuando premias a tu hijo por un buen comportamiento o por realizar determinada tarea, tu hijo no interioriza el beneficio de lo que está haciendo, sino que lo que interioriza es lo que consigue con lo que está haciendo. “Me porto bien porque me dan un helado, no porque portarse bien sea lo correcto”.

El premio puede generar conductas adictivas a largo plazo, siendo incluso más perjudicial que el castigo. Cuando premias a tu hijo, le estás generando una adicción a esa sensación de reconocimiento y aprobación, que se traducirá en un futuro en adolescentes y adultos que viven por y para la recompensa (necesidad de likes en las redes sociales para sentir la aprobación de los demás, por ejemplo). 

Los premios pueden incluso propiciar malos comportamientos, cuando tú le dices a tu hijo que le darás un premio si hace determinada tarea, hará lo que sea para conseguir el premio, incluso si ello implica hacer algo que está mal (mentir por ejemplo), por lo que, lejos de educar a tu hijo, le estás enseñando a hacer lo que sea necesario para obtener una recompensa.

Educar sin premios

 

Consecuencias de los premios

Los premios tienen diversas consecuencias negativas, entre ellas destacan:

  • Efectos poco duraderos: Los efectos de los premios o recompensas son poco duraderos, se trata de una modificación de la conducta a corto plazo, ya que cuando el niño o niña deja de recibir la recompensa, deja de tener interés en seguir teniendo ese comportamiento, solo le motiva la recompensa, si esta deja de existir, su buen comportamiento también.
  • Pérdida de interés a largo plazo: En relación con el punto anterior, los niños y niñas tienden a mostrarse muy participativos y motivados en hacer alguna tarea (por ejemplo los deberes) cuando le ofrecemos un premio o recompensa, pero se acaban cansando, aún existiendo el premio, por lo que van perdiendo el interés y dejan de estar motivados.
  • Prisa por conseguir el premio: Cuando un niño o niña sabe que va a recibir algo a cambio de su buen comportamiento o de realizar alguna tarea, le entrará la prisa por conseguirlo lo antes posible. Esto les lleva a realizar las cosas más rápido y peor, ya que no se esfuerzan en el proceso porque solo quieren acabar cuanto antes para conseguir su premio.
  • Pérdida de valores: Los niños y niñas que son constantemente premiados, hacen cosas buenas para recibir su premio y no porque entiendan que es lo correcto. Si premias todo buen comportamiento de tu hijo, estás reforzando la idea de que hay que portarse bien para recibir premios y regalos y no porque sea lo que se espera de ellos, por lo que tu hijo no estará aprendiendo valores.
  • Autoestima dependiente: Una buena autoestima y un buen autoconcepto son muy importantes durante la infancia, pero cuando basamos la educación de los niños en premios, su autoestima dependerá de la aprobación ajena. Estás constantemente enviándole a tu hijo el mensaje de que algo está bien porque le estás premiando, por lo que si no hay premio, no sabrá si está bien o no, creándose así una autoestima dependiente y una necesidad de aprobación constante.
Premios no educan

Educar sin premios ni castigos es posible, en la disciplina positiva encontrarás las claves para llevar a cabo esta tarea. Ten en cuenta que no se trata de un camino fácil, ni se puede realizar el cambio de un día para otro. Es un proceso largo, en el cual tendrás que invertir muchas horas de conocimiento, búsqueda de información y toneladas de paciencia, pero el resultado merecerá la pena.

La disciplina positiva es la alternativa

Ahora que ya conoces las consecuencias de los premios y los castigos, te estarás preguntando ¿cómo puedo educar a mis hijos entonces? La disciplina positiva nos da la respuesta.

La disciplina positiva es una corriente educativa que busca la igualdad y comprensión entre padres e hijos, la comunicación es fundamental y los premios y castigos no tienen cabida.

Esta corriente educativa, tan de moda actualmente, no es en realidad algo tan reciente. El psiquiatra austríaco Alfred Adler y su compañero Rudolf Dreikurs, sentaban las bases de la disciplina positiva hace mas de 100 años. No tuvieron mucha repercusión hasta que, más tarde, la psicóloga y educadora Jane Nelsen basándose en los trabajos de estos dos autores, escribió el primer manual de disciplina positiva en los años 80.

Una de las frases más conocidas de Jane Nelsen es “de dónde hemos sacado la loca idea de que para que un niño se comporte bien, primero tenemos que hacerle sentir mal”. Esta frase nos debería hacer reflexionar a todos. Los niños y niñas aprenden por imitación, lo que vean en ti es lo que serán, por eso lo más importante es ser un buen ejemplo.

De nada sirve hacer sentir mal a tu hijo con un castigo si no está comprendiendo qué ha hecho mal. ¿Qué tal si tratamos de sustituir el NO por una alternativa? En lugar de recalcar a los niños y niñas lo que NO pueden hacer o lo que hacen mal, démosles alternativas correctas, así sabrán qué es lo que esperas de ellos.

Por eso, la disciplina positiva es la mejor aliada, porque:

  • Busca soluciones: en lugar de castigar los comportamientos no adecuados de los niños y niñas, la disciplina positiva busca soluciones para modificar esos comportamientos. Buscamos la alternativa positiva al comportamiento que queremos evitar.
  • Alienta pero no alaba: alabar a los niños demasiado puede ser contraproducente. Esto no quiere decir que no puedas decirle a tu hijo que ha hecho algo bien, pero no es positivo alabar cada pequeño logro, porque después tu hijo necesitará siempre esa reafirmación. Es mejor alentar a tu peque a hacer las cosas, motivarle para que sea él quien decida hacerlo y no por el premio que va a recibir.
  • Enseña: se trata de educar a nuestros hijos desde la enseñanza, no podemos ser autoritarios ni tampoco permisivos, debemos encontrar el punto medio, en el que existen normas y reglas pero no imponemos nuestra autoridad.
  • Se basa en la Igualdad: la igualdad y el respeto mutuo son fundamentales. No podemos pedirles a nuestros hijos que respeten a los demás si nosotros no les respetamos a ellos. Debemos tratar de entender sus necesidades y tratarles como iguales, porque los adultos no somos superiores a los niños.
  • Es comunicativa: la comunicación ha de ser siempre la base para una buena relación con tus hijos. En la disciplina positiva es un pilar fundamental, una buena comunicación con tus hijos te ahorrará el 90% de los problemas.
  • Busca los motivos: buscar el por qué de los comportamientos de nuestros peques nos ayudará a entenderlos mejor. Si sabemos los motivos podemos evitar que vuelva a suceder y buscar las soluciones o alternativas más adecuadas.

Cómo poner límites

Cuando hablamos de disciplina positiva, sabemos que aunque no seamos autoritarios debemos tener unas normas y límites claros. Los límites son necesarios, no podemos caer en la permisividad, ya que entonces no estaríamos enseñando nada a nuestros hijos, no les estaríamos educando. 

Pero, ¿Cómo poner límites sin caer en el autoritarismo? A veces no resulta fácil, sobre todo al principio, pero te daremos algunas pautas.

  • Dale autonomía: lo principal y más importante es que los peques tengan autonomía, cuando les damos todo hecho no adquieren autonomía ni responsabilidades, por lo que será muy difícil que se hagan responsables de sus actos. Una forma muy buena de darles autonomía a los niños y niñas es aplicando el método montessori en casa, adaptando las cosas a su nivel y permitiendo que sea el propio peque el que haga ciertas tareas cotidianas (lavarse los dientes, manos, peinarse, etc).
  • Haz a tu hijo partícipe: es muy importante tener en cuenta la opinión de los niños a la hora de poner límites. Si ellos se sienten partícipes, se sentirán escuchados, respetados y valorados, de esta forma será mucho más sencillo que cumplan con esos límites. Debemos tener claro que existen ciertos límites que no son negociables, ya que quizás los peques no entiendan las consecuencias o la gravedad de ciertas acciones. Los límites que tienen que ver con su propia seguridad o con el respeto hacia sí mismos y hacia los demás no son negociables, pero todo lo demás sí se puede negociar con ellos.
  • Llegar a un acuerdo: A veces los adultos también tenemos que ceder, hay que entender las necesidades de los peques y poner límites proporcionados y que se ajusten a la edad y maduración del peque. 
  • Cooperación: como hemos mencionado anteriormente, la disciplina positiva huye del autoritarismo y de la permisividad, por lo que debemos encontrar el equilibrio mediante la cooperación familiar. Los límites deben estar basados en la empatía, el respeto y la cooperación mutua.
  • Amabilidad: es necesario criar con amabilidad pero sin caer en la permisividad. Es un error que cometen muchos padres cuando empiezan a aplicar la disciplina positiva. No podemos confundir criar con respeto y amor con la permisividad, cuando somos permisivos no le enseñamos a los niños las consecuencias de las malas acciones, y no estarán aprendiendo nada. Debemos usar la amabilidad para validar los sentimientos de los niños, que sientan que entendemos qué les pasa y sepan buscar una solución, sintiéndose comprendidos y apoyados en todo momento.
  • Razonar y reflexionar: debemos dialogar mucho con los peques para que reflexionen acerca de sus conductas. Cuando educamos de forma más “tradicional” con premios o con castigos, el niño solo realizará ciertas conductas cuando el adulto está delante, para recibir un premio o para evitar un castigo, pero eso no nos garantiza que cuando no estemos delante se siga manteniendo esa conducta. Con la disciplina positiva se pretender que los niños razonen y comprendan las consecuencias de las malas y buenas conductas, para así ser responsables de ellas, estén o no los adultos delante.
  • Muéstrale las consecuencias: Es muy sencillo decirlo, pero a veces por mucho que intentemos que los peques reflexionen no son capaces de ver las consecuencias de sus acciones, debemos ayudarles y explicarles qué consecuencias tendrán esas acciones si no son capaces de verlas, para que entiendan y decidan por sí mismos si llevarlas o no a cabo. 
  • Buscar soluciones: buscar soluciones a los problemas es una parte fundamental de la disciplina positiva. Cuando castigas a un niño, estás poniendo una “solución” a corto plazo, pero no estás resolviendo el problema. Debes hacer a tu hijo partícipe en la búsqueda de soluciones, que razone y piense de qué forma puede solucionar esa acción para evitar una consecuencia negativa. Si ayudamos al niño a buscar soluciones, estaremos sentando las bases de un comportamiento responsable y coherente.
  • Ayúdale a resolver el problema: los errores no son fallos en sí, son oportunidades para aprender y mejorar. Si no existiesen los errores, no podríamos ser conscientes de dónde está el problema en nuestro comportamiento. Debemos ayudar a los niños a resolver los problemas y solucionar esas situaciones que han realizado. Reflexionar es la clave, pero no debemos hacer sentir mal a nuestros hijos por su comportamiento, sino hacerles ver que los malos comportamientos también tienen solución y que deben ser ellos mismos los que “arreglen” la situación.
disciplina positiva niños

¿Qué podemos esperar de los niños que no han sido educados con premios ni castigos?

Los niños que no han sido educados con premios ni castigos, se convertirán en niños y adultos más responsables y consecuentes con sus actos. Cuando educas utilizando la disciplina positiva, sin premios ni castigos, estás enseñando a tu peque a ser una persona responsable, autónoma, independiente y con valores.

 

  • Empatía: Los peques que son educados sin premios ni castigos, resultan ser más empáticos. Al comprender cómo te sientes cuando realizan algo que no te gusta, consiguen ponerse en tu piel ya que no dependen de una recompensa o de un castigo, lo que les hace asimilar mejor las consecuencias de sus actos. Si tú le explicas a tu peque cómo te sientes cuando hace algo que no te gusta, aprenderá a manejar mejor las emociones y a anticipar los sentimientos de otros antes de actuar, ya que sabe que esa acción puede herir a otros, porque previamente se lo has explicado.
  • Menos peleas: los niños y niñas educados bajo la disciplina positiva se pelean menos (entre hermanos, con otros niños y con los propios adultos). Muchas veces son los propios castigos los que hacen sentir mal a los niños y empeoran su conducta, cuando educamos sin castigos pero entendiendo las consecuencias de los actos, los niños y niñas tienen un mejor comportamiento. Al ser capaces de identificar sus sentimientos y emociones, aprenden a gestionarlas de forma positiva, evitando rabietas y peleas.
  • Mejor autoestima: la disciplina positiva influye notablemente en la autoestima de los peques. Muchas veces, cuando castigamos a un niño, no entiende por qué le castigamos y se siente mal consigo mismo, se siente poco querido o siente que es malo. Cuando educamos sin castigos le estamos dando a nuestro hijo el valor que merece, sabe que puede equivocarse y que le ayudaremos a mejorar en lugar de regañarle por ello, por lo que se siente más valorado, influyendo directamente en su autoestima.
  • Niños más resolutivos: la resolución de problemas es algo que se aprende mediante las vivencias y experiencias. Cuando le damos a nuestro hijo todo hecho, no está aprendiendo a resolver sus problemas. En la disciplina positiva, una de las pautas que recomendamos es facilitar a los niños y niñas las herramientas necesarias para que sean ellos los que resuelvan sus problemas. De esta forma estamos criando a niños más resolutivos, que sepan actuar correctamente aunque no estén en presencia de un adulto, esto les servirá a lo largo de toda su vida.
  • Vínculos más fuertes: los vínculos que creamos con nuestros hijos dependerán de las vivencias del día a día y del estilo de crianza. Si queremos tener un buen vínculo con nuestros hijos y lograr un apego seguro, debemos tratarles con respeto, empatía y amor, por lo que la disciplina positiva es la mejor opción. 

Ideas de educación sin premios ni castigos

A continuación os dejamos un vídeo de Jorge Bucay y Demián Bucay, en el que podéis conocer un poco más a fondo el tema de educar sin premios ni castigos.

Ver video aquí

En definitiva, educar sin premios ni castigos es posible, pero no es una tarea fácil que se consiga de la noche a la mañana.

Educar mediante la disciplina positiva requiere esfuerzo y constancia, no te desesperes si no ves resultados a corto plazo, los resultados los verás pasado un tiempo y te darás cuenta de que has tomado la mejor decisión para tus peques y para toda la familia.

¡Do it right, protect their future!

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