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aprender a escuchar en la infancia

Aprender a escuchar: claves para que tus hijos te escuchen

¿Estás cansad@ de hablarle a tus peques y que no te escuchen? Quizás deban aprender a escuchar. La escucha activa, como todo, se practica.

En este post abordaremos el tema para que conozcas la importancia de la escucha activa durante la infancia, no solo mejorará la comunicación con tus peques, si no que influirá directamente en sus relaciones interpersonales durante la infancia y la vida adulta. ¿Nos acompañas?

¿Por qué a los niños les cuesta escuchar?

A muchos niños les cuesta escuchar o prestar atención, no responden a la primera y parecen estar siempre en su mundo.

Quizás este sea el caso de tu peque y te estés preguntando por qué sucede, esto es mucho más habitual de lo que imaginas.

Antes de nada, debemos diferenciar entre oír y escuchar. Escuchar es oír con atención, si tu peque no te oye puede que tenga algún problema auditivo.

Los problemas auditivos más comunes son la hipoacusia (oír menos de lo normal) y la hiperacusia (algunos sonidos o ruidos pueden sobresaltarle o molestarle), en ambos casos se produce una desconexión del entorno por parte del cerebro, lo que dificulta la comunicación.

Si has descartado que tu peque sufra problemas auditivos y lo que ocurre es que no te escucha o no te “hace caso”, el problema es a nivel conductual. Muchas veces, los niños están distraídos con sus juegos y no quieren salir de ese estado de diversión, esto es totalmente normal.

Debes fijarte en cómo te comunicas con tu hijo, tener mucha paciencia y no enfadarte por tener que repetir las cosas.

importncia de aprender a escuchar

Tips para que tu hijo te escuche

Para tener una comunicación efectiva con tu hijo y que aprenda a escuchar bien, debes tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Fuera distracciones: si está la televisión encendida, o está jugando con un juguete, debemos eliminar primero la distracción para que la escucha sea efectiva.

  • Contacto visual: en toda comunicación es muy importante el contacto visual, si tu hijo es pequeño, ponte de rodillas para estar a su altura y buscar contacto visual, de esta forma te podrá escuchar bien y se centrará más en el mensaje.

  • Mensaje conciso: a veces pecamos en darle demasiadas vueltas al asunto, los niños necesitan mensajes claros y concisos para entender bien qué es lo que pretendes decirle. Quizás no es que no te escuche, más bien le cuesta entenderte.

  • Un solo mensaje: en conjunto con el punto anterior, además de un mensaje conciso debemos darle un mensaje cada vez, ya que si le decimos muchas cosas es probable que algunas se le escapen. Ocurre lo mismo si le damos una orden, es mejor decirle que se lave los dientes y a continuación que se ponga el pijama, que decirle “lávate los dientes, ponte el pijama, tira la ropa sucia en el cesto, coge un cuento y métete en la cama”, porque seguro que alguna de esas cosas se le olvida y no es por no saber escuchar.

  • Escúchale tú: en esto profundizaremos más adelante, pero para que tu peque te escuche, debes aprender a escuchar tú también.

En definitiva, es totalmente normal que a los peques les cueste escuchar, por eso debemos ser constantes y no frustrarnos ni enfadarnos si no conseguimos que nos escuchen, lo que hay que hacer es enseñarles a escuchar.

¿Escuchas tú a tus hijos?

A veces no nos damos cuenta de que lo que pedimos no tiene sentido ya que no se corresponde con lo que damos. No podemos pedir que nuestros hijos nos escuchen si después no somos capaces de escucharlos a ellos.

Haz un ejercicio de reflexión y piensa seriamente… ¿Escuchas realmente a tus hijos? No hablamos de escuchar en general las cosas banales o las peticiones que nos hacen, se trata de algo mucho más profundo.

Muchas veces posponemos el momento de la escucha porque estamos ocupados o porque simplemente en ese momento no nos apetece. Cuántos casos se ven cada día en el parque o en la cafetería, que el peque viene a contarle algo a sus padres y ellos le dicen “si si, ahora te escucho” o el típico “ahora no puedo, estoy ocupado, después me cuentas”.

Los niños y niñas se sienten rechazados cuando esto ocurre, muchas veces sienten que su presencia molesta y que son menos válidos que los adultos.

No está bien que una familia se encuentre en una cafetería tomando algo y conversando y los niños no puedan participar de la conversación porque los adultos no se lo permiten, esto sucede cada día y observando un poco te darás cuenta.

Cuando esto sucede sistemáticamente, los niños, además de sentirse rechazados, aprenden a no ser escuchados y, por ende, a no escuchar.

Recuerda que somos un espejo para nuestros hijos, el ejemplo es un pilar fundamental para el desarrollo de sus capacidades, lo que ellos ven que haces es lo que harán.

Escucha siempre a tus hijos, aunque no te interese lo que te están contando, aunque te parezca una tontería o te lo haya contado mil veces, quizás para ti no sea importante pero para él puede ser un mundo.

Disfruta de que tus peques te tengan confianza y te cuenten cosas, si estableces una buena comunicación desde la infancia basada en la escucha activa, será más fácil que en la adolescencia te cuenten sus problemas y acudan a ti en busca de consejo.

practicar la escucha activa

Qué es saber escuchar: escucha activa

Si buscamos información sobre aprender a escuchar, lo primero que nos saldrá es el término “escucha activa”, pero… ¿A qué se refiere exactamente?

La escucha activa no es más que escuchar con atención, centrándose en la persona que nos está hablando. Es una habilidad comunicativa que se puede y debe trabajar desde la infancia, ya que nos permitirá tener una comunicación de mayor calidad.

Si queremos aprender a escuchar, debemos trabajar la escucha activa, es decir, escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista de quien nos está hablando, de forma empática.

En la escucha activa debemos prestar atención a lo que nos están contando y la otra persona debe ser capaz de percibir nuestra atención. La escucha activa es la única forma de captar bien el mensaje, la intención, los sentimientos, etc.

Claves para aprender a escuchar

Para que los niños sean capaces de llevar a cabo la escucha activa, debemos practicarla con ellos, algunas de las claves de la escucha activa son:

  • Adecuada disposición psicológica: estar preparados para escuchar a nuestro interlocutor, solo así podremos captar su mensaje.

  • Expresar con gestos tu escucha: es necesario que la otra persona perciba que la estás escuchando, para esto es muy útil utilizar gestos o asentir con la cabeza.

  • Comentar: sin interrumpir el discurso del interlocutor, debemos comentar, afirmar, etc., para mostrar que le estamos escuchando.

  • Escuchar de forma empática: hay que saber ponerse en el lugar del otro y entender sus sentimientos y emociones.

  • Parafrasear: repetir alguna frase del interlocutor nos ayuda a expresar que le estamos escuchando y comprendiendo.

  • No cortar: no debes cortar a la otra persona cuando te está contando algo, espera tu turno para responder.

  • Resumir: podemos resumir lo que nos están contando para comprobar si estamos comprendiendo bien el mensaje.

  • Reformular: si no te estás enterando de la respuesta, puedes reformular la pregunta para intentar entender mejor.

  • Preguntas abiertas: podemos utilizar preguntas abiertas para fomentar la comunicación y que el interlocutor nos cuente mejor su mensaje (“¿Qué quieres decir con…?”)

En la escucha activa debemos evitar las distracciones, el rechazo, los juicios de valor, las interrupciones al interlocutor, etc. Practica la escucha activa con tus peques cada día, así poco a poco verás que ellos te escuchan más y mejor.

niño hablando con mamá

Por último, habla con tu peque sobre la importancia de escuchar, hazle saber cómo te sientes cuando no te escucha, ponle ejemplos para que te entienda mejor. Cuando comprenda que te pone triste que no te escuche, prestará más atención.

Se trata de un proceso largo que requiere tiempo y esfuerzo, es posible que no veas los cambios en dos días, pero si trabajas cada día y sobre todo eres un buen ejemplo, poco a poco verás a tu peque aprender a escuchar.

Si tienes alguna duda sobre cómo aprender a escuchar, puedes dejarnos un comentario. ¡Estaremos encantados de leerte!

Do it right, protect their future

Cuento: El niño que no sabía escuchar

Daniel es un niño de 7 años que vive con sus papás y su abuelita en una gran ciudad. 

Todos los días Daniel va a la escuela acompañado de su abuela, que le cuenta historias de cuando era pequeña, pero eso a Daniel no le gusta mucho, piensa que su abuela es aburrida y nunca la escucha con atención.

Por las tardes, Daniel siempre juega en el jardín con su vecina Vera, que tiene 8 años y es su mejor amiga. Vera y Daniel se lo pasan genial inventándose historias de superhéroes, leyendo cuentos y dibujando miles de aventuras.

Cada noche, Daniel ayuda a su papá a hacer la cena… ¡Pero siempre se acaba armando el lío! Esto ocurre porque Daniel quiere hacer todo muy deprisa y le cuesta escuchar las indicaciones de su papá.

Su papá insiste en explicarle todo paso por paso, pero Daniel nunca escucha con atención y al final termina siendo todo un desastre. Esto hace que Daniel se ponga triste, porque él quiere ayudar de verdad y no estropear la cena.

—Lo siento papá, ahora la cena no estará rica.—dice Daniel, después de haber puesto el doble de sal a la salsa.

—No te preocupes hijo, vamos a intentar arreglarla, pero tienes que poner más atención cuando te hablo. —le tranquiliza su papá.

—Pondré más atención, lo prometo. —responde el pequeño.

Al final, el papá de Daniel termina salvando la cena, pero todos acaban exhaustos.

Esta escena se repite cada noche, Daniel no escucha a su papá, hace todo rápido y termina en desastre. Después, siempre se pone triste y termina prometiendo poner más atención la próxima vez, pero eso nunca sucede, a Daniel le cuesta mucho escuchar.

En el cole también sucede, los amigos de Daniel le cuentan un montón de cosas y él nunca les presta atención, esto hace que se enfaden o se pongan tristes, pero Daniel no lo hace a propósito, es que le cuesta mucho escuchar.

Un día, Daniel y Vera estaban jugando en el jardín y escucharon un crujido dentro del árbol.

“CRACK”, el crujido sonó muy muy fuerte. ¿Qué había sido eso? Los niños estaban alucinados.

Se acercaron a observar por un pequeño agujerito cuando, de repente… ¡Algo mágico sucedió! Del árbol surgió un túnel que los transportó a otro lugar.

“PLAF”, “PUM”, se escuchó al caer los niños al otro lado. Pero… ¿Dónde estaban? ¿Qué era ese lugar?

A simple vista parecía tranquilo, se podía ver el árbol y al fondo el mar. Los niños empezaron a caminar y se dieron cuenta de que bajo sus pies había arena. ¿Estaban en la playa?

Continuaron caminando, asombrados, cuando se dieron cuenta de que todo estaba rodeado de mar. ¡Estaban en una isla!

Daniel y Vera no sabían cómo habían llegado hasta allí, pero no parecían muy preocupados, los dos estaban muy emocionados por haber descubierto un lugar tan especial.

Después de mucho investigar, jugar, nadar y tomar el sol… los niños estaban ya cansados y decidieron que era hora de volver a casa. Pensaron que en el mismo árbol por el que habían entrado estaría el camino de vuelta a casa.

Caminaron un buen rato buscando el árbol hasta que se dieron cuenta de que el árbol había desaparecido. ¡Estaban atrapados en aquella Isla! 

De repente, toda la emoción que tenían se convirtió en tristeza y miedo. ¿Cómo iban a salir de allí? Sus familias estarían preocupadas, seguro que les estaban buscando.

Los niños se sentaron en un tronco a descansar y a pensar un plan para volver a casa. Daniel se quedó dormido y entonces, su abuelita apareció en su sueño.

—Dani, cariño, soy yo, tu abuelita. Debes escucharme, te ayudaré a salir de ahí. —Susurraba la abuelita.

—¿Dónde estoy, abuela? Tengo miedo, dime cómo salgo de aquí. —le respondió el pequeño.

—La respuesta está en tu memoria, más cerca de lo que imaginas, en una de las historias que te cuento cada día. —dijo la abuelita.

—¿En mi memoria? ¿En una historia? —respondió Daniel sorprendido.

Pero ya no obtuvo más respuestas de su abuela, en un abrir y cerrar de ojos había desaparecido. Entonces, Daniel se despertó.

Vera le preguntó qué le pasaba, porque se había despertado muy sobresaltado, y Daniel le contó su sueño.

Los niños se pusieron a pensar y se dieron cuenta de que la solución para volver a casa estaba en una de las historias que le contaba la abuela de Daniel cada día de camino al cole. 

Pero había un problema… Como Daniel nunca prestaba atención… ¡No se acordaba!

Tenían la solución muy cerca, pero por culpa de no escuchar con atención, no podían descubrirla.

Daniel se puso muy triste y empezó a llorar.

—Es mi culpa Vera, estaremos aquí atrapados para siempre y todo por mi culpa. —decía el pequeño, entre lágrimas.

—No te preocupes Dani, juntos buscaremos una solución. —le respondió su amiga.

Entonces, Vera cogió un palito y se puso a dibujar en la arena.

—Con este palito podemos dibujar todo lo que recuerdes sobre las historias de tu abuela, ¿qué te parece? Así, buscaremos pistas. —dijo la niña.

—Está bien, me parece una buena idea. —respondió Daniel.

Daniel hizo un gran esfuerzo y empezó a recordar algunos detalles de las historias de su abuela, de pronto recordó que una de ellas trataba sobre una isla, ¿sería la misma? ¡Quizás estaban cerca de la respuesta!

Daniel comenzó a dibujar todo lo que recordaba: un barco, palmeras, un tronco y… ¡Un árbol! Quizás era el árbol mágico. 

También recordó algunas de las palabras de su abuela y escribió la frase: “Cuando los ojos no pueden ver, el corazón puede escuchar.”

¿Qué significaba aquello? No sabía por qué, pero la solución tenía que estar en esa frase.

Los niños seguían pensando y pensando, pero no entendían nada…

De repente, Vera se dio cuenta de que Dani llevaba un colgante en forma de corazón.

—¿Por qué llevas ese colgante? ¿Tiene algún significado? —preguntó la niña.

—Me lo regaló mi abuela por mi cumpleaños, por eso lo llevo. —respondió Daniel.

—¿Me lo dejas ver de cerca? —preguntó la niña, curiosa.

Daniel se quitó el colgante y se lo entregó, entonces Vera se dió cuenta de que había una pequeña ranura en el centro del corazón. ¡Seguro que se podía abrir!

Hizo un poquito de fuerza y… “Click”, el corazón se abrió.

Dentro se escondía un papel que decía:

Dani, soy tu abuelita, si has encontrado esta nota es porque has descubierto la isla mágica de nuestro jardín. Para encontrar el árbol y volver a casa debes dar tres vueltas alrededor del tronco, ya que el árbol aparece y desaparece. Si haces lo que te digo, el árbol aparecerá y podrás regresar.

Los niños se quedaron asombrados y, rápidamente hicieron lo que decía la nota.

En cuanto dieron la tercera vuelta al tronco, el árbol apareció de nuevo. ¡Ya podían regresar a casa! Corrieron hacia el árbol y cruzaron el túnel.

¡Por fin estaban de vuelta en el jardín! Los dos niños se abrazaron emocionados. Vera volvió a su casa y Daniel fue en busca de su abuelita.

—¿Has vivido hoy una aventura, Dani? —le preguntó su abuelita.

—Si abuela, ha sido muy emocionante. —le respondió Dani.

—¿Y has aprendido algo hoy? —le preguntó ella.

—He aprendido que es importante escuchar con atención, porque si no lo haces puedes perderte cosas importantes. —respondió el pequeño.

—Así es, cariño, debes intentar prestar más atención, te daré unos consejos para que aprendas a escuchar mejor. —Dijo la abuela

  • Mírame siempre a los ojos cuando te hablo, así estarás más atento.
  • Si estás haciendo otra cosa, déjala un momento, así pondrás toda tu atención en lo que te cuento.
  • Si tienes un juguete en la mano, déjalo a un lado, así no podrás distraerte.
  • Si no entiendes lo que te estoy contando, preguntame sin miedo, así trataré de explicarlo mejor.
  • Practica siempre esto cada día y poco a poco escucharás mejor todo lo que te cuenten tus amigos y familia.

Daniel asintió con la cabeza y tomó nota de todos los consejos de su abuela y ese mismo día empezó a ponerlos en práctica.

Cuando llegó la noche, el papá de Daniel lo llamó para preparar la cena, como cada día. Empezaron la receta y Daniel seguía todo paso por paso. Su papá estaba asombrado.

—¿Qué te pasa hoy, Dani? ¡Estás haciendo muy buen trabajo! —le felicitó su padre, asombrado.

—Nada papá, la abuela me ha enseñado hoy la importancia de saber escuchar. —le respondió el pequeño.

Así fue, que les quedó esa noche una cena riquísima y todos disfrutaron mucho.

Dani nunca más olvidó escuchar, porque aprendió que si no escuchas con atención, puedes perderte historias maravillosas.

¡Y colorín colorado, este cuento se ha acabado! 

¡Esperamos que con atención lo hayas escuchado!

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