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cómo desarrollar la confianza en la infancia

Cómo desarrollar la confianza en uno mismo desde la infancia

Tener confianza y seguridad en uno mismo es muy importante para muchos aspectos del día a día, uno de los más importantes es la comunicación. Para que la comunicación con otras personas sea adecuada, debemos hablar con confianza y eso solo se consigue teniendo seguridad en ti mismo. En este post te contamos cómo desarrollar la confianza desde la infancia para que tus hijos puedan hablar con seguridad y sepan gestionar mejor sus relaciones con los demás.

Importancia de desarrollar la confianza desde la infancia

La confianza en uno mismo siempre tiene de base una buena autoestima y un correcto autoconcepto, aunque no son los únicos puntos necesarios para tener una buena confianza, la personalidad también tiene mucho que ver.

En las personas tímidas es más frecuente la falta de confianza, sobre todo en situaciones nuevas, en actos que requieren hablar en público… o simplemente en una conversación cotidiana.

En cambio, las personas más abiertas tienden a tener menos problemas de confianza si tienen una buena autoestima como base.

Por todo esto es muy importante desarrollar la confianza en uno mismo desde la infancia, ya que es una etapa en la que se está formando la propia imagen y es de vital importancia reforzar el autoconcepto y trabajar para tener una buena autoestima.

Los adultos con falta de confianza suelen compararse con otras personas porque se sienten insatisfechos con sus vidas, suelen tener baja autoestima y son menos felices. Aunque todo esto se puede tratar, es más sencillo evitarlo trabajando la confianza desde la infancia.

Trabajemos la confianza desde la infancia para criar a niños y niñas fuertes, seguros de sí mismos y felices, así evitaremos adultos con depresión, ansiedad, insatisfacción y tristeza.

importancia de la seguridad en uno mismo

Hablar con confianza y seguridad

Una de las ventajas de tener confianza y seguridad en uno mismo es que esto te permite poder hablar con confianza y seguridad ante los demás, ya sean personas de confianza o desconocidos.

En nuestra vida diaria nos tenemos que enfrentar a múltiples situaciones que requieren nuestra participación activa en conversaciones con otras personas, debemos tener confianza y ser capaces de mostrar esa confianza para que las otras personas se sientan cómodas durante la conversación.

Hablar en público también requiere de una buena confianza, quizás en la vida adulta no tengamos que hacerlo en muchas ocasiones o quizás sí, esto dependerá de nuestro trabajo, vivencias, etc., pero es importante estar capacitado para hacerlo.

Durante la infancia, en la etapa escolar, es probable que los peques tengan que hablar en público (en un debate, una exposición de un trabajo, una obra teatral…) por lo que debemos dotarles de seguridad en sí mismos para poder hacerlo.

La confianza en uno mismo es una de las bases de la gestión de relaciones, si queremos que nuestros hijos sean felices y tengan buenas relaciones con los demás, debemos preocuparnos de que adquieran esa seguridad en si mismos.

Cuando hablamos de confianza a la hora de mantener conversaciones, debemos tener en cuenta que hay que evitar dar monólogos. Algunas personas cuando están nerviosas tienden a hablar demasiado sin dejar a la otra persona intervenir.

También ocurre en el caso contrario, hay personas que tienen tanta seguridad al hablar que no se dan cuenta de que no dan pie a la otra parte para que interactúe, debemos hablar con confianza pero haciendo que la otra persona se sienta en un clima seguro para responder e interactuar.

Existen situaciones de comunicación que nos pueden poner nerviosos y es normal sentir miedo o temor, no son emociones negativas, ya que todas las emociones son buenas y nos sirven para expresarnos, pero debemos enseñar a los más peques a gestionar sus emociones y no dejar que estas les superen.

No pasa nada por tener miedo a hablar en público, por ejemplo, pero no podemos dejar que este miedo nos paralice, por lo que debemos aprender a gestionarlo y continuar siempre hacia delante, para ello existen pautas que podemos tener en cuenta y así conseguir que los peques aprendan a gestionar sus emociones y tengan más confianza y seguridad.

cómo hablar con seguridad

Cómo ayudar a tus hijos a desarrollar la confianza

La autoconfianza no es algo intrínseco, si no que es algo que se produce de fuera hacia dentro. Los niños y niñas van aprendiendo a desarrollar la confianza a base de pequeños logros.

Cada logro, por pequeño que parezca, le ayudará a sentirse más autónomo y autosuficiente, generando así en su interior una sensación de seguridad en sí mismo y confianza.

Para poder conseguir que los peques tengan una buena confianza para su vida diaria así como para las relaciones con los demás, debemos darles la oportunidad de hacer cosas por sí mismos, da igual si fallan, es la única forma de aprender.

  • El juego es uno de los puntos más importantes, los niños y niñas aprenden jugando, por eso es necesario dejar que jueguen y experimenten de esta forma. Es interesante observarles mientras juegan, ya que así nos daremos cuenta de cuántas cosas está aprendiendo con algo tan simple.

  • Las responsabilidades son también importantes y necesarias, ya que ayudan a ganar autonomía y, por ende, a generar más confianza en uno mismo. Dependiendo de la edad de tu peque, asígnale pequeñas tareas cotidianas para que te ayude: recoger su cuarto, poner la mesa, tender la lavadora, ocuparse de la mascota, barrer, fregar, lavar platos, limpiar el polvo… Pueden hacer mucho más de lo que imaginas.

  • Bríndale tu atención, que tu peque se sienta escuchado hará que sienta más seguridad a la hora de hablar y también preste más atención cuando tenga que escuchar a los demás.

  • Procura hacer contacto visual cuando converses con él, respetar su turno de palabra, respetar sus emociones y sentimientos y no menospreciarlos… Todo esto es muy importante para que el día de mañana no sienta que sus emociones y sentimientos no son importantes.

  • Anima a tu peque, para generarle seguridad en sí mismo has de procurar que se sienta arropado cuando falla y animado cuando hace las cosas bien, anímale también cuando no consigue lo que se propone, con tu ayuda conseguirá llegar más lejos.

  • No etiquetes, si tu peque es tímido o le cuesta más tener conversaciones con otros, no le etiquetes como “el vergonzoso” ya que asumirá que él es así y no puede cambiar.

  • Debemos aceptar a nuestros peques tal como son y apoyarles incondicionalmente siempre, así sentirán lo importantes que son para nosotros y sabrán que pueden serlo también para el resto del mundo.

  • Por último y no menos importante, debemos dar ejemplo. Si pretendes que tu peque sea seguro de sí mismo pero después te cuesta hacer una llamada a un desconocido o pedir una cuenta en un restaurante porque te da vergüenza (les pasa a muchos más adultos de los que te imaginas), lo que verá tu hijo es que hay que ser así.

  • Nosotros somos su espejo, por lo que debemos trabajar también en nuestra seguridad y confianza si queremos ayudarles a ser seguros de sí mismos.

tips para hablar con confianza

Actividades para practicar la confianza a la hora de hablar

Para niños y niñas más mayores, adolescentes o adultos, existen actividades que podemos hacer para eliminar ese miedo a hablar en público o con otras personas.

Para practicar la confianza a la hora de hablar podemos ensayar conversaciones frente al espejo, de esta forma nos veremos y oiremos tal como nos verán y oirán las otras personas. 

Practicar algo que te pone nervioso ayuda a que en el momento tengas mayor seguridad y confianza en ti mismo.

Si eres una persona a la que le cuesta tener conversaciones y notas que fallas en ese aspecto, el espejo puede ser tu mayor aliado.

Otra opción son las grabaciones, tanto de voz como de video. Con las grabaciones podemos ensayar conversaciones o monólogos y después analizarlas para observar en qué puntos fallamos o nos ponemos nerviosos.

Las grabaciones en vídeo son muy útiles, ya que nos  permiten analizar no solo el contenido y entonación, si no también nuestros gestos y expresiones. Lo más recomendable es realizarlas con la cámara normal (no con la cámara interior del móvil ya que ahí nos estamos viendo y no actuamos igual) para que sea lo más natural posible.

También podemos practicar las conversaciones importantes con otras personas de confianza primero. Por ejemplo: si tienes que tener una conversación importante con tu profe u otra persona de más autoridad, puedes ensayar primero con alguien de confianza como tu papá, mamá, herman@s o un/una amig@. 

Todo esto no hará que el miedo desaparezca de un día para otro, pero es un primer paso para ir ganando seguridad y confianza poco a poco. La única forma de lograr tener mucha seguridad es ensayar y enfrentarse a esas situaciones de conversación día tras día.

¡Poco a poco lo lograrás!

Cuento para fomentar la seguridad en uno mismo

POPI NO QUIERE HABLAR

Popi es un pollito blanco y negro que vive en una granja con su mamá, a Popi le encanta el maíz y cada mañana se levanta muy contento a desayunar.

Los pollitos más pequeños desayunan todos juntos en el granero azul y sus mamás junto con los mayores desayunan en el granero verde.

—Popi Popi, levanta ya, es hora de desayunar… ¡Como no te apures un poco, sin nada te vas a quedar! —le repite cada día su mamá.

Entonces, Popi se levanta apurado, corre al granero azul junto a los demás pollitos y empieza a picotear. 

Los otros pollitos le empujan, le pisan sus patitas y lo apartan para que no pueda comer más… y así, se termina la ración cuando Popi todavía acababa de empezar.

Cada día sucede lo mismo, pero Popi no se queja ni dice nada… ¡Popi no quiere hablar!

Popi regresa a casa triste y le cuenta lo sucedido a su mamá, que lo abraza y le da unos granitos de maíz que le había guardado de su desayuno.

—Gracias mamá, tenía mucha hambre, los otros pollitos son muy brutos y nunca me dejan comer en paz… —le dice Popi a su mamá.

—No pasa nada, cielito mío, pero debes decirles algo, todos tenéis derecho a desayunar. —le responde su mamá.

Después del desayuno, Popi va con los demás pollitos a la escuela para aprender a leer, sumar, restar… y sobre todo para divertirse y jugar.

La maestra les pone de deberes unas sumas, son muy sencillas y a Popi se le dan genial. 1+2, 3+4, 2+3… ¡No hay suma que Popi no sepa hacer!

—Popi, ¿Cuánto es 5+2? —pregunta la maestra.

Entonces, Popi no dice nada… La mira nervioso y se encoge de hombros, aunque en su cuaderno tiene escrita la respuesta, se queda callado… ¡Popi no quiere hablar!

La maestra continúa la lección preguntando a los demás pollitos, que contestan sin pensárselo dos veces, aunque algunos no saben sumar muy bien y fallan en alguna respuesta.

Después del cole, Popi regresa a casa y de camino para en la tienda a comprar el pan. Como cada día, Popi coge una barra y le entrega una moneda a Berta, la panadera, que le saluda muy amable con una sonrisa.

Antes de que Popi salga de la tienda, la panadera Berta le pregunta:

—Popi Popi, bonito, he preparado un bizcocho de chocolate casero. ¿Quieres probar un poquito? 

A Popi, que le encanta el bizcocho de chocolate, se le hace la boca agua… Pero con un giro de cabeza dice que no y se va sin mediar palabra. ¡Popi no quiere hablar!

Al llegar a casa, Popi le cuenta lo sucedido a su mamá, que le replica por no aceptar el bizcocho.

—Con lo que a ti te gusta el chocolate… parece mentira Popi… ¿Cuándo vas a atreverte a hablar con los demás?

Popi mira a su mamá con cara triste y se encoge de hombros… No sabe qué responder. ¡Popi no quiere hablar!

Cada día sucede lo mismo, por la mañana los otros pollitos le dejan sin maíz, en el cole Popi no quiere responder a la maestra y tampoco habla con Berta la panadera… La mamá de Popi está muy preocupada.

“¿Qué le pasará a Popi que no quiere hablar?”, se pregunta cada día su mamá.

Poco a poco, la mamá de Popi intenta averiguar por qué Popi se comporta así, porque en casa habla con ella pero fuera no hay manera. 

Le pregunta a la maestra, a los demás pollitos, a Berta la panadera… pero ninguno sabe la respuesta, todos dicen lo mismo: ¡Popi no quiere hablar!

Entonces, la mamá de Popi decide escribirle una carta preguntándole qué le pasa, quizás al leerla solo y tranquilo pueda responder mejor. 

Con cuidado, deja el sobre encima de la cama de Popi, con las palabras “para el hijo más especial del mundo” escritas en grandes letras doradas.

Cuando Popi entra en su cuarto y encuentra el sobre, se pone enseguida a leer la carta y, por suerte, decide contestar.

Por escrito y con muy buena letra, algo que caracteriza a Popi, le explica a su mamá que no quiere hablar porque se siente diferente a los demás pollitos. Todos son amarillos y él es el único blanco y negro.

Popi piensa que si no habla, no se darán cuenta de que está allí y no se reirán de él por ser diferente.

Al leer la respuesta de Popi, su mamá se pone muy muy triste. ¡Vaya tontería! ¿Por qué se iban a reír de él por ser de otro color? Si Gerardo, el doctor de la granja, el gallo más respetado por todos… ¡Tiene una cresta azul en lugar de colorada!

“Este Popi no tiene ni idea…”, piensa su mamá, y enseguida comienza a idear un plan para ayudar a Popi a tener más seguridad en sí mismo.

Primero, habla con los demás pollitos para saber si se ríen de Popi. Como ella imaginaba, ninguno se reía de él, al contrario… ¡Todos estaban deseando ser sus amigos! A pesar de los empujones a la hora del desayuno, que ocurrían porque son todos un poco brutos.

Después, habla con la panadera Berta para pedirle que procure conversar más con Popi. —No le entregue usted el pan hasta que Popi no le dé los buenos días. —le dice la mamá de Popi.

Por último, le pide al doctor Gerardo si puede acudir a su casa para tener una charla con Popi y que así se de cuenta de que no importa ser diferente, porque puedes incluso llegar a ser doctor.

El doctor Gerardo acude sin pensarlo a la casa de Popi y, con mucha paciencia y tranquilidad, le cuenta que él también sentía vergüenza cuando era pequeño, pero que, con el paso de los años se había dado cuenta de que el color de su cresta no definía quién era y que ser diferente no era nada malo, era algo que le hacía único y especial.

De pronto, Popi empieza a sonreír. Por primera vez siente que alguien le entiende y empieza a comprender que ser diferente no es nada malo, al contrario. ¡Ser diferente puede ser genial!

La mamá de Popi prepara una gran fiesta para celebrar que Popi está contento, a la fiesta acuden todos los pollitos de la granja y también los demás animalitos. ¡Nadie quiere perderse esta ocasión tan especial!

Los pollitos llegan con una gran pancarta que dice “Popi, eres un pollito genial” y corren a abrazar a Popi, que les da las gracias a todos entre lágrimas… ¡Popi ya quiere hablar!

Desde entonces, cada día Popi corre al granero azul a desayunar y se queja cuando le empujan los demás pollitos. 

—Ten más cuidado Kiko… —dice Popi.

—No me pises Valentina… —le replica también.

Y así, come su ración como todos los demás, porque… ¡Popi ya quiere hablar!

En la escuela, es el primero en contestar siempre, tanto es así que la maestra le tiene que mandar callar para dar paso a sus compañeros, pero Popi no se calla porque… ¡Popi ya quiere hablar!

En la panadería, Berta tiene que pedirle amablemente que se vaya para poder atender a los demás clientes, ya que se forma una larga cola cuando Popi llega a por el pan porque… ¡Popi ya quiere hablar!

Y la mamá de Popi, orgullosa de su pequeño, le felicita cada día por ser tan valiente y especial, ya que está muy pero que muy contenta y orgullosa de él porque… ¡Popi ya quiere hablar!

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