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descubre la importancia de fomentar la empatía en la infancia

Cómo fomentar la empatía en la infancia

La empatía es una cualidad que es muy importante fomentar desde la infancia, para que así esos niños sean en un futuro adultos empáticos. Si te preocupa que tu peque parezca carecer de empatía… ¡Estás de suerte! No debes preocuparte demasiado, ya que durante la infancia es cuando se va desarrollando esta habilidad social, en este post te contamos como, ¿nos acompañas?

Importancia de la empatía en la infancia

Puede parecer obvio, pero muchas veces no lo es tanto. La empatía, al igual que el resto de habilidades sociales, debe trabajarse desde la infancia, cuando los peques están aprendiendo cómo ser la mejor versión de sí mismos. Pero, antes de nada… ¿Sabes qué es la empatía? A continuación te lo explicaremos de manera sencilla.

¿Qué es la empatía?

La empatía es la participación afectiva de una persona en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona. También la podemos definir como la capacidad de percibir, compartir y comprender lo que otra persona puede sentir. Esto quiere decir, saber ponerse en el lugar de otro.

En la empatía podemos diferenciar dos componentes, el componente afectivo y el componente cognitivo. El afectivo se refiere a la capacidad de responder con el sentimiento apropiado, mientras que el cognitivo se trata de comprender el estado mental del otro.

Para poder ser empáticos, es necesario saber escuchar, es decir, practicar la escucha activa.

Si previamente no hemos practicado la escucha activa no podremos ponernos jamás en la piel del otro. Es necesario captar a la perfección el mensaje que nos quieren trasladar; solo entonces entenderemos lo que piensan, cómo se sienten y por qué piensan, actúan, hablan y se sienten así. 

Hay personas que son empáticas por naturaleza y cuando ven a una persona en una situación de vulnerabilidad, sienten en sus carnes esa sensación. Aun así, aunque seas capaz de ponerte en la piel de esa persona, es necesario aprender a reaccionar de la forma adecuada.

Por ejemplo: cuando vemos a una persona sin hogar, podemos ponernos en su lugar y entender lo difícil que es su situación, pero si no hacemos nada por intentar ayudarle no estaremos actuando de forma empática. Del mismo modo, si intentamos ayudar pero nos excedemos, podemos hacer que esa persona se sienta peor, por eso hay que pensar siempre en cómo afectarán nuestros actos a las otras personas, eso es realmente tener empatía y actuar en consecuencia.

empatía en la infancia

¿Por qué es importante desarrollar la empatía en la infancia?

La empatía, al igual que las demás cualidades sociales, debe fomentarse desde la infancia. Cuando somos niños aprendemos a relacionarnos con los demás, si no aprendemos de la forma correcta, de adultos tendremos problemas en nuestras relaciones interpersonales.

La falta de empatía en la infancia puede generar adultos con problemas psíquicos como psicopatías.

Saber ponerse en el lugar del otro es algo fundamental a cualquier edad, ya que nos ayuda a tener un bienestar personal y armonizar cuerpo y mente.

Gracias a la empatía, podemos ponernos en el lugar del otro y así relacionarnos de forma más satisfactoria.

Los niños y niñas empáticos suelen ser más abiertos y sociales, esto les ayudará a hacer más amigos y tener mejores relaciones interpersonales.

Beneficios de la empatía

Trabajar la empatía tiene muchos beneficios, algunos de ellos son:

  • Mejora la comunicación: cuando trabajamos la empatía aprendemos a escuchar mejor, lo cual fomenta una comunicación más fluida.

  • Incrementa la sintonía emocional: una persona empática sabe cómo propiciar un clima cómodo, lo que permite a los demás expresarse mejor, facilitando así una buena comunicación.

  • Desarrolla el carisma: las personas que conectan afectiva y emocionalmente con su entorno, desarrollan su carisma y encanto personal.

  • Fomenta la reciprocidad: trabajando la empatía aumentamos el conocimiento sobre las propias emociones y las de los demás, fomentando así la reciprocidad.

  • Disminuye la agresividad: en la mayoría de ocasiones, la agresividad se produce por el desconocimiento sobre las situaciones y sentimientos que atraviesa la otra persona. Si actuamos de forma empática, reducimos esa agresividad propia del desconocimiento.

  • Aumenta la popularidad: las personas empáticas son más queridas y respetadas por sus semejantes, por lo que son también más populares.

  • Incrementa la satisfacción personal: cuando eres una persona empática y comprendes y ayudas a los demás, te sientes mejor contigo mismo.

Estos son solo algunos de los beneficios de la empatía, como ves, es muy importante trabajarla cuanto antes. Sin embargo, no debes olvidar que los niños son niños y pasan por distintas fases antes de llegar a ser personitas empáticas (desconocimiento, egocentrismo propio de la edad…)

niños empáticos

Etapas de la empatía en la infancia

Desde los años 90 han surgido diversos estudios sobre la empatía en la infancia y la inteligencia emocional. Existen muchos autores que tratan el tema, como Mayer y Salovey, Bar-On, Goleman o Martin Hoffman. Este último, clasifica el desarrollo de la empatía durante la infancia en cuatro etapas o estadios.

  • Primera etapa, empatía global: esta etapa abarca el primer año de vida del bebé. Durante este tiempo, los bebés no son capaces de percibir a las demás personas como seres independientes de sí mismos, ya que tampoco se perciben a sí mismos como seres independientes. Los bebés piensan que mamá, papá y los seres más cercanos, forman parte de ellos mismos, por lo que no comprenden los sentimientos de los otros y los confunden con los suyos propios.

  • Segunda etapa, empatía egocéntrica: esta etapa se correspondería con el segundo año de vida de los bebés. Aquí ya son conscientes de su propia existencia y de que son seres independientes, por lo que pueden “comprender” las situaciones desagradables de las otras personas, sin embargo asumen que estas sienten lo mismo que ellos están experimentando. Se trata de una edad en la que el egocentrismo es muy marcado, por lo que es totalmente normal que piensen que los demás se sienten igual que ellos.

  • Tercera etapa, empatía hacia los sentimientos de los demás: esta etapa aparece a partir del tercer año de vida, aquí el egocentrismo va disminuyendo y los niños son capaces de comprender que los sentimientos que experimentan las otras personas en distintas situaciones, no son los mismos que los suyos. Además, empiezan a responder a ellos de manera no egocéntrica.

  • Cuarta etapa, empatía hacia la condición de vida del otro: esta etapa corresponde al final de la niñez, donde los niños entienden que cada persona tiene su historia y que esto condiciona su forma de sentirse y de afrontar las adversidades. También empiezan a sentir empatía por realidades lejanas y ajenas a ellos (pobreza, discapacidad…).

Como podemos ver, durante la infancia se va formando y desarrollando la capacidad empática de los niños y niñas, es por eso que es tan importante forjar una buena base, para en un futuro tener adultos con buena empatía y responsabilidad afectiva.

desarrollo de la empatía en los niños

Cómo desarrollar la empatía en los niños

Los niños y niñas muchas veces no muestran mucha empatía, sobre todo cuando son pequeños, ya que son muy egocéntricos. Esto es algo completamente normal y por eso es bueno trabajarlo poco a poco durante la infancia para que lleguen a ser niños, adolescentes y adultos empáticos.

Para trabajar la empatía debemos hacer reflexionar a los niños, mostrándoles distintas situaciones y pidiéndoles que piensen cómo se sentirían ellos si estuviesen en esa situación. Es importante hacer esto muy a menudo para que no lo olviden y aprendan poco a poco a ponerse en el lugar del otro.

Muchos casos de bullying se podrían evitar si los niños fuesen más empáticos y, aunque desde las escuelas se trabaja para mejorar este aspecto, es necesario trabajarlo también desde casa.

Actividades para fomentar la empatía

Algunas de las actividades que podemos hacer en casa son:

  • Identificar emociones: a través de dibujos, imágenes y fotografías, le preguntaremos a los peques cómo se siente esa persona (triste, alegre, enfadada…) esto les ayudará a identificar las emociones por las expresiones faciales de los demás.

  • Juego a ser tú: utilizando disfraces y demás accesorios que a los peques les encantan, podemos jugar a ser otras personas, aprendiendo así a ponerse en el lugar de los demás.

  • Teatrillos: las representaciones teatrales pueden ser muy útiles para aprender a identificar emociones y también a saber expresarlas. Podemos utilizar cuentos populares o inventarnos nosotros las historias, pidiéndoles a los peques que actúen como su personaje (con sus respectivas emociones).

  • Cuentos: los cuentos siempre son nuestro mejor aliado, existen infinidad de cuentos que tratan el tema de la empatía, puedes leerselos antes de ir a dormir y así poco a poco aprenderán a ser más empáticos. También es importante trabajar las distintas emociones, para esto es muy útil el cuento “El monstruo de colores”.

Debemos además hacer un ejercicio de reflexión como adultos y plantearnos si realmente estamos siendo empáticos en nuestro día a día, sobre todo cuando estamos con nuestros hijos, ya que somos el ejemplo más directo para ellos, somos su espejo.

Si tienes alguna duda sobre la empatía en la infancia, no dudes en dejarnos un comentario. ¡Estaremos encantados de responderte!

Do it right, protect their future.

Cuento para fomentar la empatía en la infancia

EL GRAN SECRETO DE CACHITO

Cachito era un conejito muy bonito que vivía en el bosque. Su familia lo quería mucho, pero era un conejito diferente a los demás.

Todos los conejitos del bosque tenían una bonita cola en forma de pompón, sin embargo, Cachito no tenía cola.

Nadie sabía por qué, pero había nacido así, en el lugar de la cola no había nada de nada, solo pelito.

A pesar de eso, Cachito era un conejo precioso, con un manto gris que le recubría todo el cuerpo, con las patitas blancas como zapatitos. También tenía una oreja de cada color, una era blanca y la otra gris.

Cuando Cachito nació, sus papás se asustaron al ver que no tenía cola y enseguida lo llevaron al doctor.

El doctor, que era una liebre muy lista, les dijo que no pasaba nada, que Cachito podía hacer vida normal y  que no tener cola no le afectaría en nada.

¡Cuánto se equivocaba el doctor! La vida de Cachito era todo menos normal.

Por culpa de no tener cola, Cachito era un poco diferente, por lo que los demás conejitos del bosque se burlaban de él, ninguno quería ser su amigo ni jugar con él.

Cachito solo tenía 5 años, pero ya sabía lo que era no tener amigos, siempre estaba muy triste.

Sus papás trataban de animarlo, jugaban con él cada día, pero él quería tener amigos.

Un día, la mamá de Cachito le dijo que pronto debía ir a la escuela, todos los conejitos empezaban la escuela a los 6 años y pronto sería su cumpleaños.

Cachito empezó a llorar, estaba muy asustado, no quería ir a la escuela con los demás conejitos…¡Todos se reirían de él!

Cachito se puso a pensar y pensar y se le ocurrió un plan, debía fabricarse una cola postiza, así nadie se reiría de él por ser diferente.

Después de muchos intentos fallidos, al fin lo logró, con un poco de lana y paciencia tejió un bonito pompón para simular una cola.

Así pues, cuando empezó la escuela, Cachito fue muy contento y seguro de sí mismo. ¡Ya no era diferente! Nada malo podía pasar, pensaba.

El primer día de escuela todos los conejitos del bosque miraron asombrados a Cachito y su nueva cola, ninguno entendía nada y todos empezaron a murmurar… hasta que una conejita llamada Wendy se atrevió a preguntar.

—Cachito, ¿cómo es que de repente tienes cola? —Exclamó Wendy.

—Pues me desperté una mañana y me había crecido, ¿no es genial? —respondió Cachito.

Todos los conejitos se quedaron boquiabiertos. ¿Cómo era posible que le hubiese crecido una cola? Pero era cierto, todos lo estaban viendo, Cachito ya tenía cola.

Entonces, decidieron invitarle a jugar. Cachito aceptó encantado, era la primera vez que los demás conejitos le invitaban a jugar.

Jugaron a la pelota, al escondite, al pilla pilla… y Cachito se lo pasó muy muy bien, por fin sentía que no era diferente, aunque en el fondo seguía pensando que sí lo era, eso le ponía un poquito triste.

Pasaron los días y Cachito seguía llevando su cola falsa a la escuela, en todos los recreos jugaba con los demás conejitos y se lo pasaba muy bien, pero un día sucedió algo inesperado.

En el mismo patio estaban los animalitos de las otras clases, ratones, ardillas, hurones… y los conejitos vieron algo que les sorprendió mucho.

¡Era un hurón con 5 patas! ¿Cómo era eso posible? Todos los conejitos le señalaron y se rieron de él, todos menos Cachito, que se quedó callado.

El pobre hurón de 5 patas salió corriendo y llorando porque todos se habían burlado de él, a Cachito le pareció una injusticia, pero no dijo nada.

Cuando llegó a su casa, Cachito les contó lo sucedido a sus papás, que le dijeron que debía haber actuado y defendido al hurón, él más que nadie comprendía cómo se sentía.

Cachito, con una mirada triste, asintió con la cabeza. Sus papás tenían razón, él se había quedado callado para no perder a sus amigos, pero sus amigos no habían sido buenos con el pobre hurón.

Al día siguiente, Cachito buscó al hurón de 5 patas en el patio, pero no lo encontró. Entonces, le preguntó a los demás hurones, que le contaron que se había quedado en casa porque estaba muy triste por lo sucedido.

Al salir de la escuela, Cachito fue a casa del hurón de 5 patas y le pidió disculpas por no haber sido valiente para defenderlo, el hurón, que se llamaba Manchas, le dijo que no pasaba nada y le invitó a jugar en su casa.

Cuando estaban en la habitación de Manchas, Cachito le confesó que él también era diferente porque había nacido sin cola y le enseñó su cola falsa, que era su secreto. 

Manchas le explicó que sus papás siempre le habían dicho que ser diferente no era nada malo, era algo que le hacía especial, por eso los dos eran muy especiales.

Poco a poco, Cachito y Manchas se fueron haciendo más amigos y jugaban cada día en casa de Manchas, pero en el cole Cachito hacía como si no le conociese, eso ponía a Manchas un poco triste.

Un día, los conejitos estaban en el patio jugando al pilla pilla cuando, de repente, Wendy agarró a Cachito de la cola y esta se desprendió.

—¡Cachito no tiene cola! —gritó Wendy a todos los conejitos.

—¡Es cierto, nos ha engañado! —respondieron los demás conejitos.

Ninguno de ellos salió a defender a Cachito, que estaba callado sin saber qué decir. Entonces, apareció Manchas y les pidió que dejasen de reírse de él.

—¡Tú no puedes decirnos lo que hacer, ni siquiera eres un conejo! —replicó Wendy.

—Eso no importa, Cachito es mi amigo y no merece que os portéis mal con él. —dijo Manchas.

Entonces, todos los conejitos se pusieron a discutir con Manchas, que les explicó lo absurdo que era que se rieran de Cachito por no tener cola, si todos esos meses no se habían dado cuenta y lo habían tratado como un conejito más.

—¿No pensáis que si no os habíais dado cuenta es porque no tiene nada de malo? —dijo Manchas.

Los conejitos se quedaron pensativos, quizás Manchas tenía razón, al fin y al cabo… no tener cola no le impedía a Cachito hacer nada diferente a los demás conejitos.

—¡Todos somos diferentes! —exclamó Wendy.

—Así es, y eso nos hace únicos, no es nada malo. Imagínate que yo me rio de ti porque tienes una oreja doblada, Wendy; o me burlo de Harry porque es el único que no sabe leer; o quizás me rio de Pipa porque tiene demasiadas manchas…¿No os sentiríais mal? —respondió Manchas.

Todos los conejitos asintieron, Manchas tenía razón… y por primera vez aprendieron a ponerse en el lugar de los demás.

—Si eso me ocurriese a mi, me pondría muy triste…—dijo Wendy.

—Es cierto, yo me iría llorando a casa si os burlaseis de mi. —respondió Harry.

Entonces, sucedió algo que nunca antes había ocurrido. Todos los conejitos se acercaron a Cachito y le pidieron perdón por haber sido malos con él.

Cachito, que era muy bueno, decidió perdonarles y además le pidió perdón a Manchas por haber ocultado su amistad.

—Lo siento Manchas, no debí haberte ignorado todos los días en la escuela, cuando tú te estabas portando tan bien conmigo y eras mi único amigo de verdad. —dijo Cachito.

—No pasa nada Cachito, tú fuiste el único que supo ponerse en mi lugar y, aunque no tuvieses el valor para defenderme ni jugar conmigo en el patio, fuiste el único que se preocupó y vino a mi casa, eres mi mejor amigo y eso me ha dado fuerzas para ser valiente y defenderte. —respondió Manchas.

Todos los conejitos y los demás animalitos de la escuela escuchaban atentos con lágrimas en los ojos. ¡Esa pareja si que eran buenos amigos!

Desde aquel día, todos los animalitos del bosque jugaron juntos sin importar sus diferencias, porque entendieron que todo eso los hacía únicos.

También aprendieron a ponerse en el lugar de los otros y entender cómo se sienten, así todos pudieron ser mejores con los demás, nunca más volvieron a burlarse de ningún animalito y crecieron todos juntos y felices.

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