Índice de contenido
importancia de la higiene bucodental infantil

Higiene bucodental infantil: Hábitos saludables en la infancia

¿Conoces la importancia de la higiene bucodental infantil? Quizás te estés preguntando cuándo debes empezar a cepillar los dientes a tu bebé, o te preocupa que tu hijo o hija se niegue a lavarse los dientes. En este post hablaremos de la importancia del cepillado dental infantil, además te traemos un divertido cuento que podrás leer a tus peques para motivarles a lavarse los dientes. ¡Acompáñanos!

Importancia del cepillado de dientes en la infancia

La salud bucodental es algo muy importante y de lo que muchos adultos padecemos. Para tener una buena salud bucodental hay que empezar por cuidar los dientes en la infancia.

¿Sabías que hay que empezar a cepillar los dientes desde la erupción del primer diente? Mucha gente no lo sabe y cree que no es necesario empezar a cepillar los dientes hasta los 2 o 3 años. ¡Esto es un gran error!

La higiene bucodental infantil es muy importante, ya que determinará en parte cómo será la salud bucodental del adulto, por lo que hay que empezar cuanto antes.

Los bebés, niños y niñas, deben cepillarse los dientes 3 veces al día, pero no podemos delegar esta responsabilidad en ellos cuando son pequeños. El cuidado dental infantil es responsabilidad del adulto.

Desde la aparición del primer diente debemos cepillar con un cepillo de dientes infantil y con pasta dental con 1000 ppm de flúor.

Al principio, serás tú como padre o madre quien tendrá que cepillar los dientes a su bebé. Poco a poco irá aprendiendo a hacerlo solito, aunque necesite una supervisión y repaso por tu parte.

A continuación, te daremos algunos consejos para una buena higiene bucodental infantil.

Consejos para una buena higiene bucodental

  • Cepillar los dientes 3 veces al día: es importante cepillar los dientes al menos 3 veces al día, desde la erupción del primer diente. Además, es recomendable cepillarlos siempre después de comer algún alimento con mucha azúcar (como una chuche)

  • Cepillado completo: no basta con un cepillado superficial, los dientes han de cepillarse completamente por toda su superficie, incluida la parte interna.

  • Tiempo de cepillado: el cepillado dental debe durar al menos 2 minutos.

  • Pasta dental: es importante una buena elección de la pasta dental, con un mínimo de 1000ppm de flúor cuando son bebés y aumentando la cantidad en función de la edad. El sabor también es importante, escoge sabores neutros o que a tu peque le gusten.

  • Enjuague bucal: pueden empezar a usarlo a partir de los 5 o 6 años, teniendo cuidado de que no se lo traguen.

  • Seda dental: pueden aprender a usarla desde los 6 años, dependiendo un poco de lo habilidosos que sean, siempre con supervisión del adulto.

  • Elección del cepillo: escoge un cepillo dental infantil adecuado en tamaño y forma, puede ser de sus personajes favoritos, esto lo hará más atractivo. A los peques más grandes puede gustarles más un cepillo eléctrico infantil. Recuerda renovar el cepillo cada 3 meses.

  • Visita al odontopediatra: es importante una primera visita tras la aparición del primer diente, y posteriormente una revisión cada 6 meses.

  • Alimentación: una buena alimentación también nos ayudará a tener una mejor salud bucodental. Intenta limitar el consumo de azúcares.

  • Da ejemplo: como en todo, los niños son un reflejo de lo que hacemos. Debemos dar ejemplo y lavarnos los dientes cada día y de forma adecuada para que puedan aprender de nosotros.

Consecuencias de una mala higiene bucodental infantil

Uno de los problemas más frecuentes cuando se tiene una mala higiene bucodental infantil son las caries.

Es cierto que también pueden aparecer otros problemas y patologías, pero en la infancia las caries son lo más frecuente.

Un 31% de los niños y niñas españoles menores de 6 años tiene caries. Esto es un porcentaje elevadísimo, pero no es ninguna sorpresa teniendo en cuenta la mala alimentación que tienen muchos de ellos.

Leche con galletas, bollería industrial, ultraprocesados… Estamos todo el día llenando a nuestros peques de azúcares que, si no se tiene una correcta higiene bucodental, ayudarán a la aparición de caries, además de muchos otros problemas relacionados con la mala alimentación, como la obesidad y la diabetes infantil.

A veces tendemos a pensar que no pasa nada y le restamos importancia porque los niños pequeños aún tienen dientes de leche, pero esto es un gran error.

Las caries y otros problemas dentales en los dientes de leche, afectarán posteriormente a los dientes definitivos, aumentando la probabilidad de sufrir caries en ellos.

Además, si no inculcamos unos buenos hábitos bucodentales en la infancia cuando son bien pequeños, será más difícil que se cepillen los dientes cuando crezcan. Teniendo en cuenta que los dientes de leche comienzan a caer entre los 6 y 7 años, es importante empezar cuanto antes.

Es muy importante que los peques aprendan a cepillarse los dientes solitos, pero hasta que no tengan completa autonomía y compruebes que lo hace correctamente, debes repasarle tú después de cada cepillado.

Si tu peque es de los que se niega a lavarse los dientes, tendrás que convencerle poco a poco, no es bueno forzar la situación ya que resultará traumático.

A continuación, os traemos un cuento con el que motivar a los peques a lavarse los dientes. ¡Esperamos que os guste!

CUENTO: Me cepillo los dientes solito

Daniel es un niño de 5 años que vive con su mamá, su papá y su hermanita pequeña María, que tiene dos añitos.

Daniel es un niño muy listo y casi siempre se porta bien, pero hay algo de Daniel que no les gusta nada a sus papás y les pone tristes.

Todos los días se levantan temprano, desayunan, se bañan y se preparan para ir al cole, es entonces cuando ocurre… Algo sucede, que ni a mamá, ni a papá, ni al propio Daniel les gusta nada.

¿De qué crees que estamos hablando? Se trata de algo que hay que hacer todos los días, pero Daniel no quiere.

¿Qué será, qué será… que pone tristes a mamá y papá? ¡Cada día después de desayunar, comer y cenar, tus dientes has de lavar!

Por más que se lo repitan todos los días, Daniel no quiere lavarse los dientes. 

—¡No quiero, no quiero, no quiero! —Repite Daniel casi llorando y cierra su boca mientras su mamá insiste en lavarle los dientes.

Sus papás no entienden qué le pasa, y tratan de explicarle cada día lo importante que es lavarse los dientes.

—Dani, tienes que lavarte los dientes, porque si no te los lavas se llenarán de caries, y se pondrán muy muy feos. —Le dice su mamá cariñosamente.

—¿Qué son las caries, mamá? —Responde su hermanita María con mucha curiosidad.

—Cuando comemos, los restos de comida junto con la saliva hacen que aparezcan unos bichitos llamados bacterias. Las bacterias se alimentan del esmalte de los dientes y cuando hay muchas bacterias acaban haciendo un agujero en el diente. Ese agujero es una caries y hace que te duelan los dientes, se pongan feos y se caigan. —Le explica su mamá.

—Yo no me creo nada, eso lo dices para que me lave los dientes, pero no quiero. —Replica Daniel.

—Yo siempre me lavo los dientes, lávatelos tú también Dani —Le dice su hermanita con voz triste.

¿Qué será, qué será… que pone tristes a María, mamá y papá? ¡Cada día después de desayunar, comer y cenar, tus dientes has de lavar!

Todos los días se repite la misma historia y los papás de Daniel ya no saben qué hacer. Su hermanita se lava los dientes muy contenta, pero Daniel no quiere.

Una noche cuando Daniel se iba a dormir, sucedió algo inimaginable. Por debajo de su cama se asomó una cabecita de color gris. ¿Qué era esa criatura? Daniel se levantó de un salto, asustado.

¡Era un ratón!

—¡Mamá, papá, venid rápido! —Gritó Daniel.

Su papá se levantó corriendo y le preguntó qué le ocurría. Daniel le explicó a su papá que había un ratón en su habitación.

Después de un rato buscando no aparecía nada, así que el papá pensó que Daniel estaba soñando.

—Anda duérmete. —Le dijo su papá.

—Buenas noches papá. —Le respondió Daniel.

En cuanto el papá de Daniel salió de la habitación, volvió a aparecer el ratón.

Daniel se frotó los ojos, pensando que estaba soñando, pero el ratón seguía allí.

Era un ratón un poco raro, porque llevaba puestos unos pantalones y cargaba un saquito que hacía un ruido extraño.

—Hola Daniel, soy el ratoncito Pérez —Dijo el ratón.

Daniel estaba alucinando, el gran ratoncito Pérez estaba en su habitación. Su papá le había hablado mucho sobre el ratoncito Pérez, pero Daniel no se creía su existencia.

Ahora podía ver que el ratoncito Pérez era real, su papá no mentía.

—Vengo a hablar contigo, porque estoy un poco enfadado. —Le dijo el ratoncito.

—¿Por qué estás enfadado? —Le respondió Daniel.

—Me han dicho que no te quieres lavar los dientes y a mi no me gustan los dientes con caries. Cuando se caiga tu primer diente, si no está bien cuidado no podré llevármelo y traerte un regalito. —Le dijo el ratón.

—Pero… es que…—Daniel no sabía cómo explicarse.

—¿Qué ocurre? —Le dijo el ratoncito.

—Tengo miedo, el cepillo de dientes me da miedo, un día me hizo daño, por eso no me quiero lavar los dientes. —Respondió el niño.

—No te preocupes, buscaremos una solución juntos. —Le dijo el ratón.

Y entonces, ¡plof! El ratoncito desapareció.

¿Qué será, qué será… que pone tristes al ratoncito Pérez, a María, a mamá y papá? ¡Cada día después de desayunar, comer y cenar, tus dientes has de lavar!

Daniel se quedó muy pensativo. Estaba contento porque acababa de conocer al ratoncito Pérez, pero también estaba triste porque si no se cuidaba los dientes, el ratoncito no los querría.

Al día siguiente, estaba Daniel en el cole jugando con sus compañeritos. Jugaron al pilla pilla, a mamás y papás y a buscar insectos.

Mientras buscaban insectos, Daniel escuchó un ruido detrás de un árbol, así que se asomó a ver. ¡Era el ratoncito Pérez! ¿Qué hacía en su cole?

—Hola Daniel, vengo a hablar contigo y tus amigos. —Le dijo el ratoncito.

Todos los niños se quedaron asombrados. —¡Es el ratoncito Pérez! —Gritaron emocionados.

El ratoncito Pérez le preguntó a todos los amigos de Daniel si ellos se lavaban los dientes. Todos respondieron que sí, y era cierto, porque tenían los dientes limpísimos.

El ratoncito ya lo sabía, porque desde su casita mágica puede observar a todos los niños y niñas del mundo y así anotar en su lista cuáles son los mejores dientes.

Daniel empezó a darse cuenta de que si todos sus amigos se lavaban los dientes, quizás no era algo tan malo.

Los amigos de Daniel se pusieron un poco tristes, porque si él no se lavaba los dientes, le saldrían caries y le dolería mucho, así que trataron de convencerlo.

¿Qué será, qué será… que pone tristes a tus amiguitos, al ratoncito Pérez, a María y a mamá y papá? ¡Cada día después de desayunar, comer y cenar, tus dientes has de lavar!

El ratoncito estaba muy contento, su plan para que Daniel perdiese el miedo a cepillarse los dientes estaba funcionando, pero aún no había terminado.

Pérez se despidió de los niños, que tenían que volver a clase, y se fue a su casita prometiendo a Daniel que esa noche volvería para enseñarle algo.

Ese mismo día por la noche, cuando Daniel se fué a dormir, volvió a aparecer su amigo el ratoncito Pérez. Esta vez traía consigo un teléfono móvil.

—¿Para qué es ese móvil, ratoncito? —Le preguntó Daniel.

—Quiero enseñarte algo. —Le respondió el ratoncito.

El ratoncito le explicó a Daniel que desde su casita mágica podía observar a todos los niños y niñas y saber si se lavaban los dientes. Tenía todos los videos en su teléfono móvil y quería enseñarle algo.

Entonces, le contó la historia de una niña que no se lavaba los dientes y se le habían llenado de caries. Además de contárselo, se lo enseñó en su móvil.

La niña tenía los dientes muy muy sucios, llenos de caries, muchos se le habían caído antes de tiempo. En el vídeo, Daniel pudo ver cómo la niña lloraba porque le dolían sus dientes, entonces se dió cuenta de que a él le podía pasar lo mismo.

—Ratoncito, ya entiendo que tengo que lavarme los dientes, pero sigo teniendo miedo —Le dijo Daniel.

—No pasa nada Daniel, es normal tener miedo, pero cepillarse los dientes no tiene que doler, el cepillo incluso hace cosquillas. —Le respondió el ratoncito.

—Pero… a mí un día me dolió. —Replicó el pequeño.

—Quizás ese día fuiste un poco bruto, no es necesario hacer mucha fuerza, yo te enseñaré a lavarte los dientes. —Le dijo el ratón.

Entonces, se fueron juntos al cuarto de baño y empezaron a cepillarse los dientes. 

—Primero ponemos pasta de dientes y mojamos un poco el cepillo, después frotamos los dientes con movimientos circulares, suave y con cuidado, así como yo hago, ¿ves? —Le explicaba con mucho cariño el ratón.

Fuera del baño, los padres de Daniel observaban asombrados. Ellos no podían ver al ratón, porque los adultos no pueden verlo, así que solo veían a su hijo lavándose los dientes.

Cuando Daniel terminó, sus papás le felicitaron con alegría. Entonces Daniel les explicó que antes le daba miedo lavarse los dientes, pero que había conocido a alguien muy especial y ya no tenía tanto miedo.

Los papás de Daniel se pusieron un poco tristes porque ellos no sabían que Daniel tenía miedo.

Después de una larga conversación llegaron a un acuerdo. Daniel se lavaría los dientes cada día y después mamá o papá se los repasarían con cuidado, para asegurarse así de que estaban bien limpios y que no apareciesen caries.

Daniel estaba muy contento porque sabía que cuando se cayese su primer diente, volvería su amigo el ratoncito Pérez. Efectivamente así fue, un año después le cayó su primer diente y recibió un regalito junto a una notita que decía:

¿Qué será, qué será… Esa cosita muy importante que nunca debes olvidar? ¡Cada día después de desayunar, comer y cenar, tus dientes has de lavar!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Índice de contenido
mentiras en la infancia cómo afrontarlas

Mentiras en la infancia: cómo afrontarlas

cómo desarrollar la confianza en la infancia

Cómo desarrollar la confianza en uno mismo desde la infancia

descubre la importancia de fomentar la empatía en la infancia

Cómo fomentar la empatía en la infancia

aprender a escuchar en la infancia

Aprender a escuchar: claves para que tus hijos te escuchen

educación financiera en la infancia

Educación financiera en la infancia

Suscríbete a nuestra Newsletter

Recibe promociones, descuentos y los mejores tips sobre crianza respetuosa

Tus datos estarán seguros. Recuerda que puedes darte de baja en cualquier momento.

Tus datos serán tratados con máxima responsabilidad. Recuerda que puedes darte de baja en cualquier momento.