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importancia del buen descanso en la infancia

Importancia del buen descanso en la infancia

Un buen descanso en la infancia es clave para el correcto crecimiento y desarrollo de los niños. Si los adultos necesitamos dormir bien para rendir al día siguiente, en los niños es mucho más importante, ya que están en constante crecimiento. Si quieres saber cuántas horas debe dormir tu peque, conocer la importancia del sueño de calidad y descubrir las claves para que duerma bien, no te pierdas este artículo.

Por qué es tan importante dormir bien en la infancia

Un correcto descanso es muy importante para el organismo a todas las edades, pero en la infancia es mucho más importante.

Los niños están en constante crecimiento y desarrollo tanto a nivel físico como intelectual y el descanso es una parte muy importante de todo esto.

Se suele decir que para los niños es tan importante dormir como comer, esto es totalmente cierto. La relación entre sueño y crecimiento está demostrada científicamente.

Durante las horas de sueño se libera una hormona llamada somatropina. Esta hormona es la encargada del desarrollo de los tejidos, por eso los niños que duermen bien crecerán mejor.

Las horas diarias de sueño varían en función de la edad y de las características propias de cada niño, como comentaremos más adelante.

Pero no solo importa la cantidad, la calidad del sueño es fundamental, de nada sirve dormir muchas horas si dormimos mal.

La falta de sueño en la infancia puede interferir en el crecimiento físico y también en la capacidad de aprendizaje, concentración y motricidad.

consejos para el buen descanso en niños

Cuánto deben dormir los niños para tener un buen descanso

Uno de los factores que determinan un buen descanso en la infancia es la duración. ¿Sabes cuánto debe dormir tu peque según su edad? A continuación te lo explicamos.

El sueño es un proceso madurativo en el que también influyen aspectos y rasgos personales. El tiempo de sueño varía en cada niño según su edad, carácter, actividad física durante el día, rutinas, etc. No hay dos niños iguales, aunque sean gemelos serán diferentes, por lo que no podemos ceñirnos al 100% a los datos.

Aún así, existen muchas características comunes entre los niños y niñas de distintas edades, de esta manera podemos determinar aproximadamente cuánto debe dormir un niño según su edad para tener un buen descanso en la infancia.

Los bebés son los que más duermen, hasta los 3 meses pueden dormir entre 16 y 20 horas diarias, repartidas indistintamente entre día y noche. Con esta edad suelen tener tiempos cortos de siestas y despertares, aunque algunos consiguen dormir por periodos más largos durante las noches.

A partir de los 3 meses, hasta los 6 aproximadamente, un bebé necesita dormir de 14 a 15 horas diarias.

Con 6 meses, los bebés dormirán una media de 14 horas, pudiendo llegar a dormir entre 10 y 12 horas de noche. Esto si tienes suerte, ya que existen bebés que tardan algo más en conseguir dormir toda la noche del tirón.

Los niños de un año duermen de 13 a14 horas diarias, en la mayoría de los casos la siesta se reduce a una o dos horas. Aunque las noches ya sean más tranquilas y duerman más tiempo seguido, es habitual seguir teniendo despertares nocturnos para comer.

A los 2 añitos, el tiempo se empieza a reducir y los peques duermen de media unas 12 o 13 horas, con una hora de siesta.

A partir del tercer año, los peques duermen de 10 a 12 horas, algunos ya han dejado de hacer siestas.

Los niños y niñas de entre 5 y 7 años necesitan unas 9 o 10 horas diarias de sueño. De 7 a 9 años se reduce hasta 8.5 o 9 horas.

Cuando llega la edad de 11 o 12 años, los peques duermen una media de 8 a 8,5 horas, lo mismo que debería dormir un adulto.

Si tu peque duerme más que esto no te alarmes, como bien decimos, es una aproximación, pero cada niño es un mundo.

Es más preocupante que duerma de menos que de más, igualmente hay niños que necesitan menos horas de descanso y no tiene por qué ser signo de alarma.

Lo importante para saber si tu peque tiene un buen descanso en la infancia es observar cómo se despierta, si está cansado o irritable podremos determinar que no duerme bien.

tips para un correcto descanso infantil

¿Qué puedo hacer si mi hijo no duerme bien?

La calidad del sueño en la infancia es más importante que la cantidad, que tu peque duerma muchas horas no siempre es sinónimo de un buen descanso.

Según la Asociación Española de Pediatría, hasta un 30% de los niños padece alteraciones crónicas del sueño.

Es importante observar el comportamiento de los niños durante el día para poder determinar si ha descansado bien durante la noche.

Al igual que nos ocurre a los adultos, los niños a veces duermen mucho pero no consiguen descansar del todo bien, esto se ve reflejado en su actitud diaria.

Algunos signos de que tu peque no ha descansado bien son:

  • Dolor de cabeza: si tu peque suele despertarse a menudo con dolor de cabeza, es probable que su descanso no sea el adecuado.

  • Le cuesta levantarse: hay niños más remolones que otros, pero si a tu peque le cuesta mucho despertarse y levantarse y quiere seguir durmiendo (cuando ya ha dormido las horas necesarias) puede deberse a que no haya descansado bien.

  • Somnolencia diurna: si tu peque se muestra muy cansado durante el día, somnoliento… o incluso se queda dormido realizando alguna tarea (muchas veces se duermen en el cole) es porque algo sucede con su descanso.

  • Irritabilidad: si tu peque está muy irritable y con mal humor durante el día de forma habitual, también puede estar relacionado con la mala calidad del sueño.

  • Falta de atención: si en el cole le cuesta atender y concentrarse también puede estar relacionado con un mal descanso.

Si tu peque presenta alguno de estos síntomas o crees que puede no estar descansando correctamente debes poner remedio. A veces basta con cambiar algunas cosas en casa, pero si esto persiste debes consultar a un especialista.

A continuación te damos algunos consejos para favorecer el buen descanso en la infancia.

  • Rutina: uno de los pasos más importantes es crear una rutina del sueño. Las rutinas son muy importantes durante la infancia y crear una rutina de descanso es clave. Baño, cena, cepillado de dientes y a la cama (el orden dependerá de cada familia). Es muy importante acostarse y levantarse siempre a la misma hora.

  • Actividad física: los niños y niñas necesitan mucha actividad física diaria, no solo para su correcto desarrollo y buena salud, sino también para favorecer un buen descanso.

  • Nada de pantallas: al menos 2 horas antes de dormir debemos evitar el uso de pantallas y dispositivos electrónicos, ya que estos estimulan al cerebro y hacen que le cueste más relajarse para dormir. Los niños y niñas que utilizan pantallas antes de dormir duermen de media una hora menos.

  • No utilizar la cama como castigo: muchas veces mandamos a los niños a la cama como castigo, debemos evitar esto ya que pretendemos que la cama sea algo positivo.

  • Acompañarles para dormir: es importante acompañar a los peques durante su rutina de descanso, la forma de acompañamiento variará según la edad. Si es pequeño y duerme contigo, debes acompañarle a dormir a la hora deseada. Si es más mayor puede que necesite que te quedes a su lado hasta que se duerma, o, por el contrario, puede bastar con que le arropes y le des las buenas noches.

  • Cuento: leer un cuento a tus hijos debería formar parte obligada de la rutina de descanso. Los cuentos favorecen la relajación y además son un bonito momento en familia.

Si con todos estos consejos tu peque sigue teniendo problemas a la hora de dormir, deberías acudir a su pediatra para que valore la necesidad de llevarlo a un especialista.

dormir bien en la infancia

¿Cuándo deben los niños aprender a dormir solos?

Aquí entramos en un tema que algunas veces es algo polémico, al final quien decide es cada familia pero dependerá mucho de si practican o no el colecho.

Los bebés humanos, al igual que muchos otros mamíferos, nacen siendo dependientes de su madre, por lo que no pueden valerse por sí mismos.

Tu bebé estará más tranquilo y relajado cuanto más cerca te sienta, ya que ha pasado 9 meses dentro de ti y necesita sentirse protegido.

El colecho es una forma ideal de mantener a tu bebé cerca, favoreciendo un correcto descanso de ambos. Puedes practicar colecho en la misma cama o con una cuna de colecho.

Para las familias que no practican colecho, es igualmente recomendable que la cuna del bebé se encuentre en la habitación de los padres, al menos los primeros meses.

Entonces, ¿Cuándo debes pasar a tu peque a su habitación? Para las familias que practican colecho la respuesta es muy simple, cuando tu peque se sienta preparado. Esto sucede de forma natural en torno a los 3 años.

Para las familias que no practican colecho, la decisión es algo personal. Normalmente se pasa al bebé a su cuarto en torno al año, para evitar que sea muy mayor y le cueste más. Esto no es siempre infalible, dependerá de cada caso concreto.

Debes tener en cuenta que si pasas a tu bebé a su cuarto pronto, tendrás que estar muy pendiente de su descanso (recomendamos un vigilabebés) y probablemente te levantarás varias veces durante la noche, mermando así la calidad de tu descanso.

En cambio si practicas colecho, ambos dormiréis más tranquilos.

Es cierto que no es oro todo lo que reluce y a veces dormir con niños pequeños puede resultar incómodo porque se mueven demasiado, si este es tu caso y quieres seguir teniendo a tu peque cerca, puedes poner una cama de 90 pegada a la tuya, de esta forma favorecerás la independencia de tu peque de forma progresiva y respetuosa.

Como ves, la edad en la que un peque comience a dormir solo es decisión de cada familia y cada situación, a veces es cuestión de observar y probar, aunque los expertos recomiendan dormir con tu bebé hasta los 3 años por todos los beneficios que ello conlleva.

dormir bien con bebés

Recuerda que nosotros los adultos dormimos acompañados, es normal que tu peque también quiera hacerlo.

No te desesperes, que llegará el día en el que quiera sentirse mayor y dormir en su propio cuarto y probablemente seas tú quien lo eche de menos.

Cuento para fomentar un buen descanso en la infancia

Érase una vez que se era, una pequeña niña llamada Vera a la que no le gustaba nada de nada irse a dormir.
Cada noche, cuando llegaba la hora de acostarse lloraba y lloraba porque no quería dormir.

Sus papás estaban muy preocupados, no sabían por qué no quería dormir y tampoco sabían qué hacer, así que cada noche le hacían una pregunta para averiguar qué podía ser.

—Vera Verita, cuéntame a mí, ¿por qué esta noche no quieres dormir? ¿Será que algún ruido te ha asustado y tienes miedo de que un monstruo se haya colado?

—No mamá, no digas tonterías, es que no tengo sueño todavía. ¿Cómo voy a pensar que un monstruo se ha colado? ¡Yo sé que no existen, eso nunca me habría asustado!

Y así pasaban las horas y Vera no se quería dormir, al final caía rendida y dormía por fin, pero a la mañana siguiente le costaba mucho levantarse, solo quería quedarse en cama. ¡Eso era un desastre!

Vera era una niña completamente normal, le gustaba ir al cole y jugar con sus amigos, también ir al parque y de paseo por el río… pero dormir nada de nada, eso era algo que a Vera no le gustaba.

Como Vera no dormía bien, en el cole siempre tenía sueño y empezó a estar muy cansada en el recreo.

No quería jugar a la pelota…

No quería jugar al pilla pilla…

No quería jugar a las muñecas…

No quería pasear con sus amigos…

Solo quería sentarse a descansar, entonces sus amigos se empezaron a preocupar.

—¿Qué te pasa Vera, que ya no juegas conmigo? —le preguntó un día un buen amigo.

—No me pasa nada, solo estoy cansada, no te preocupes, jugaremos mañana. —respondió ella.

Esa misma noche, Vera tampoco quiso dormir, cuando llegó la hora de irse a la cama, se hizo la remolona diciendo a su papá que no quería ir.

—Vera Verita, cuéntame a mí, ¿por qué esta noche no quieres dormir? ¿Te duele la tripa, estás empachada? ¿Será que has cenado mucha empanada?

—No papá, no he cenado mucha empanada, tampoco me duele la tripa… ¡Nada de nada! Es que no tengo sueño, ni siquiera un poquito, déjame quedarme levantada otro ratito.

Y así pasaban las horas y Vera no se quería dormir, al final caía rendida y dormía por fin, pero a la mañana siguiente le costaba mucho levantarse, solo quería quedarse en cama. ¡Eso era un desastre!

Una buena mañana, que hacía mucho sol, Vera y sus amigos del cole se iban de excursión.
Como la noche anterior Vera no había dormido nada, su mamá no consiguió despertarla a tiempo por la mañana.

Vera llegó tarde al cole porque no se quería levantar y cuando por fin llegó, sus compañeros y la profe se acababan de marchar.

Vera se perdió la excursión y se quedó con cara de pena, todo por no dormirse pronto… ¡Vaya faena!

Al día siguiente sus compañeros le contaron lo bien que se lo habían pasado en la excursión al museo, habían visto cuadros de Picasso y esculturas de Mogrobejo.

Todos se preguntaron por qué Vera no había ido, ella les contó que esa mañana se levantó tarde porque la noche anterior casi no había dormido.

Entonces, sus amigos decidieron ayudarla, cada uno le contó un secreto para que fuese más fácil ir a la cama.

—Dos horas antes de irme a la cama, no veo la tele ni uso ninguna pantalla. —le contó su amiga María.

—Todas las noches papá y mamá me leen un cuento y así siempre me voy a dormir bien contento. —dijo su amigo Rubén.

—Me acuesto cada noche a la misma hora, aunque me guste estar despierta, nunca me hago la remolona. —le contó su amiga Inés.

—Todas las noches duermo con mi osito, así lo abrazo y no duermo solito. —dijo Pablo.

—Como la oscuridad me asusta un poquito, mis papás encienden una pequeña luz en mi cuartito. —le confesó Teresa.

Todos los amigos de Vera le contaron un montón de trucos para poder dormir bien, así que decidió contárselo a sus papás esa misma tarde.

Los papás de Vera escuchaban con atención y tomaban nota de todos los consejos, hicieron una gran lista y la colgaron en la habitación de Vera, al lado del espejo.

Esa misma noche Vera empezó sus nuevas rutinas, estaba muy emocionada y sus padres no se lo creían.

—Vera Verita, cuéntame a mí, ¿de verdad esta noche vas a dormir? ¿Seguirás tus rutinas que están ahí colgadas? ¡No puedo creerlo, estoy emocionada!

—Si mamá, de eso estoy segura, esta noche dormiré pronto, no te quepa duda.

Entonces Vera no se hizo la remolona y se fue para la cama a su hora. Así, pudo disfrutar del cuento que le contó su papá y de los besos y abrazos de su mamá. Esa noche por fin durmió prontito, abrazada a Pepo, su querido osito.

Después de varios días practicando sus rutinas para irse a la cama, Vera empezó a levantarse menos cansada cada mañana.

En el cole, volvió a jugar con sus amigos, todos estaban muy contentos, ¡volvían a estar unidos!

Y volvió a jugar a la pelota…

Y volvió a jugar al pilla pilla…

Y volvió a jugar a las muñecas…

Y volvió a pasear con sus amigos…

¡Se lo pasaban siempre fenomenal!

Y así fue como Vera aprendió lo importante que es dormir y descansar bien cada noche para al día siguiente poder rendir.

Todos se quedaron muy felices. Sus amigos, sus papás y la propia Vera, que cada noche estaba deseando irse a dormir y soñar con perdices.


¡Do it right, protect their future!

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